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La otra cara de África

30 enero, 2018 | Por |

La semana pasada acabamos con éxito una campaña dirigida a los niños de primaria de la comunidad de Enampore. Dos voluntarias españolas, la cirujana maxilo-facial Marta Saldaña y la enfermera Charo Naranjo, llevaron a cabo la hazaña de revisar los dientes a cerca de mil niños de siete aldeas de La Casamance, realizando más de cien extracciones y elaborando diagnósticos para los casos que requerían de una intervención en el hospital.

Tras enviar una nota de prensa a varios medios de comunicación para informar del desarrollo de la campaña a todas las personas que la han apoyado haciendo donación de cepillos de dientes y pasta dentífrica, nos hemos encontrado de nuevo con el mensaje subliminal de que hay que ayudar a los pobres negritos de África, mensaje totalmente opuesto a la filosofía de nuestra ong, siempre evitando estos estereotipos absurdos que no hacen más que dañar la imagen de todo un continente.

Mientras sigamos mirando a África con ojos de lástima, no veremos todo lo bueno que tienen para ofrecer. Durante años, la cooperación ha llevado a cabo una labor de ayuda basada en el asistencialismo. “Yo veo lo que necesitas, y lo hago a mi manera porque sé cómo se hace esto”. Más o menos, salvo honrosas excepciones, la forma de operar de la cooperación ha sido esta, un poco como lo que vivimos en Europa con el Despotismo Ilustrado, aquello de “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”.

Se han hecho muchas buenas obras y se ha gastado mucho dinero inútilmente, haciendo construcciones sin tener en cuenta ni el clima, ni las condiciones geográficas del lugar, y es que lo que nosotros sabemos solo nos vale a nosotros.

En África tienen su forma de hacer las cosas, una cultura propia y unos valores que en Europa hemos perdido e incluso olvidado. Durante años hemos venido aquí para decirles lo que debían hacer y cómo hacerlo. Nosotros, los blanquitos, siempre hemos estado más avanzados tecnológicamente y eso nos hace sentirnos en un lugar superior, pero cuando dejas a un lado los prejuicios y compartes sus costumbres, descubres que nada de lo que has oído de África es verdad, porque no hay verdades absolutas. Hay guerras como las hay en todos los continentes, pero estas guerras suelen depender de intereses económicos de otros países más “desarrollados”. Hay enfermedades porque interesa que las haya, porque hay medicamentos que probar y viene bien tener lugares donde provocar plagas que no nos salpiquen al primer mundo. Hay hambre como en cualquier país del globo, pero nos viene bien pensar que en ciertos lugares están mucho peor que nosotros.

La imagen que tenemos de África es una construcción hecha en Europa para no despertarnos demasiado el interés y la curiosidad. África da miedo porque mientras tengamos esa imagen, no analizaremos demasiado lo que ocurre en este gran continente, donde los recursos son espoliados por empresas extranjeras y los gobiernos son elegidos según el interés de los países más desarrollados.

Pero a pesar de todo, África te acoge. Tienen valores muy arraigados que nos sorprenden en una época en la que Europa se está deshumanizando a marchas forzadas. La solidaridad y la hospitalidad aquí son sagradas y cuando te abres a compartir con ellos, te das cuenta que tienen mucho más que ofrecer que cualquiera de nosotros. Podemos traer objetos que les ayuden a vivir con un poco más de comodidad, y a cambio aprender de su fuerza, su coraje, su dignidad. Nosotros tenemos universidades símbolos de la sabiduría, pero nadie nos enseña a relacionarnos entre nosotros.

Ellos tienen la curiosidad y el conocimiento. Crecen hablando en la mayoría de los casos tres y cuatro lenguas, desenvolviéndose entre vecinos con culturas y costumbres diferentes. Impresiona la capacidad de comunicación que tienen, su conocimiento de la naturaleza y sus recursos para sobrevivir en condiciones extremas. Cuando pienso en nuestra cultura europea, siento que nuestra sociedad del bienestar nos está robando los valores esenciales del ser humano. Cada vez somos más individualistas y más perezosos y más insaciables y más infelices…

Si pensamos en lo que traemos, es muy poco comparado con lo que podemos recibir a cambio. Cuando miramos a África de frente y a los ojos, encontramos nuestro propio reflejo, y con él todo cuanto necesitamos para sobrevivir en esta era del confort que nos convierte en meros autómatas sin alma para alimentar la máquina de consumo en la que se ha convertido Europa.

Llegado el momento de hacer balance entre lo que damos y lo que recibimos, siempre salimos ganando. Dejamos cepillos, pasta de dientes, gráficos sobre la higiene buco-dental y dibujos que enviaban los niños españoles sobre lo que era para ellos lavarse los dientes. Nos llevamos la experiencia de compartir seis días con los niños de estas aldeas, nos llevamos verles jugar, bailar y aprender, sus saludos y su cortesía, nos llevamos sus miradas curiosas y su caras sonrientes, nos llevamos el agradecimiento de los profesores y los padres y la satisfacción de habernos adentrado un poquito más en una cultura muy diferente en la forma, pero con un fondo muy similar.

Desde aquí mandamos nuestro agradecimiento a Marta Saldaña y Charo Naranjo que han sido las responsables de lleva

r a cabo esta acción, a los vecinos de la provincia de Valencia, que han respondido al reto de “1000 cepillos para 1000 sonrisas” reuniendo más de 1.000 cepillos y 25 kg de pasta dentífrica, y a todas las personas que con sus aportaciones han hecho posible esta campaña.

 

Fdo.: Federica Romeo.

Presidenta de “Cineastas en Acción

”.

 

 

 

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